¿Por qué viajar nutre nuestro espíritu? ¿Por qué va mucho más allá de desconectar de la rutina y volver a cargar pilas? Profundizamos aquí tres claves que nos ayudan a contestar estas preguntas. Tienen que ver con el Silencio, la Aventura y el Juego.

El oro del Silencio

«Only know you’ve have been high when you’re feeling low…»

Más a menudo que un turista, un viajero se enfrenta al silencio, estando solo o percibiendo interiormente esa soledad. Son momentos donde fácilmente aflora el ruido de la mente que devora pensamientos, pero si abrimos el corazón puede surgir algo más: una emoción, un sentimiento. Volvemos a estar en contacto con nuestra alma. Volvemos a sentirnos vivos.

Asimismo puede surgir un descubrimiento. La mente, cuando se centra en el mundo exterior, suele colocarse en un lugar mucho más fecundo. Esa acción, ese movimiento, esa energía que distingue al viajero, son el terreno más fértil para que nazcan nuevas ideas, pequeñas iluminaciones inherentes en nuestro trabajo, nuestras aficiones o nuestras relaciones.

La Aventura, o alejarse de la zona de confort

«… Only hate the road when you’re missing home…»

El barco está más seguro cuando se encuentra en el puerto, pero no  para eso que se construyeron los barcos. Un viaje a menudo implica alejarse de nuestro propio hogar, del lugar donde nos sentimos seguros y a gusto. Implica salir de la zona de confort, un concepto que ya mencionamos en nuestro artículo anterior: un paso esencial para movilizar aquella energía que permite descubrimientos…

La aventura y el teatro orientado al desarrollo personal comparten la pasión por lo que es desconocido. Si estás en un bosque explorando entre plantas y animales, o en un espacio de teatro jugando como actor, no sabes lo que va a pasar: todo puede cambiar de repente, una situación excitante puede volverse desagradable, una escena aburrida puede trasformarse y hacerte reír a carcajadas. Simplemente abre los ojos y estate preparado.

El Juego que nutre nuestro niño artista

«… Only know you love her when you let her go.» (Let her go – Passenger)

Tumbarse en un prado… oler una y otra flor… remojar los pies en un arroyo…  salvar la vida a unas abejas, a unos caracoles… escuchar una canción que te encanta… fregar las manos con romero para llevar contigo el aroma… rebotar piedrecitas en el río… mirar en los ojos de una vaca, un caballo, un burro… experimentar con una cámara fotográfica… Si piensas en el viaje como un recorrido de un punto A a un punto B, de un pueblo al otro, de un objetivo al siguiente, la vida pasa y no te das cuenta.

La conexión con el mundo exterior le habla a tu alma y es agua de fuente para tu niño artista. Aquí y ahora te pierdes en el momento y se te revela la inspiración, que – curioso – es lo mejor que te pueda pasar también en el escenario de un teatro, sobre todo en un curso relacionado con el desarrollo personal. Porque cuando disfrutas del camino se convierte en placer y cuando no disfrutas de él se convierte en esfuerzo.

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